diumenge, 12 de maig del 2013
L'ENTREVISTA DEL 3/24: EL CATALÀ A LA FRANJA.
Natxo Sorolla, sociolingüista, i Ramon Sistac, professor de dialectologia de la UdL, desqualifiquen l'intent del govern aragonès de rebatejar el nom del català per LAPAO a la Franja de Ponent.
dissabte, 11 de maig del 2013
Antonio IBÁÑEZ : "Sóc aragonès i parlo català"
A María José Ferrando, diputada del PP, puede parecerle secundario que haya un 5% de aragoneses que hoy nos sintamos discriminados en nuestra tierra. Otros podrán pensar que con la que está cayendo hay debates más prioritarios que los debates nominalistas sobre las lenguas. A ella, al igual que a un PAR secuestrado por un puñado de votos que abominan de todo lo que huele a Cataluña, no le ha dolido impulsar una ley que insulta a la cultura y condena a una minoría, multitud cuando se les pone cara y ojos, a seguir analfabeta en la primera lengua que oímos al nacer.
Usar la lengua como arma arrojadiza y partidista siempre ha sido abominable. Enfrentar a territorios que durante siglos han convivido con la normalidad y la riqueza que se nos otorga a los habitantes de frontera, también. La política, destinada a resolver los problemas de las sociedades en lugar de a fomentarlos, ha dado una vuelta de tuerca más y ha conseguido justamente lo contrario de lo que pretendía. El complejo ante Cataluña, la falta de valentía para responder con contundencia a los ataques del nacionalismo catalán sin despreciar símbolos tan suyos como nuestros, ha supuesto --además de un ridículo mayúsculo-- que se fomente una división que nunca ha sido tal en una Franja --sí, Franja aragonesa y con orgullo de serlo-- que hoy vuelve a sentirse pisoteada por unas administraciones que no entienden que el mundo se compone de realidades diferentes.
En lugar de presumir del rico patrimonio cultural que tiene Aragón, prefieren agarrarse al populismo, invocar a unos bienes de la Franja que tampoco les ha importado nunca pero han servido para mantener viva la llama del enfrentamiento. Y, como siempre, los paganos hemos sido los habitantes de una zona azotada perpetuamente por los caprichos de unos dirigentes, en uno u otro lado de la frontera, que han utilizado como moneda de cambio a unos ciudadanos hartos ya de que cueste tanto comprenderlos.
La única fortuna es que el catalán que se habla en Aragón no morirá, aunque seguirá condenado a la clandestinidad y al no-reconocimiento. Peor suerte correrán los aragoneses del norte, cuyo rico patrimonio lingüístico pronto será vestigio arqueológico gracias a la poca altura de miras del actual Gobierno de Aragón. Es paradójico que quien ha impuesto a los ciudadanos un recorte tras otro, esté tan preocupado ahora por no imponer unas lenguas que nadie pretende imponer a nadie.
Es complicado entender que cueste tanto a algunos comprender que si el castellano es un rico patrimonio compartido con 500 millones de hablantes y con 20 países que lo tienen como lengua oficial, sin que signifique que sean españoles, puede pasar lo mismo con el catalán, lengua aragonesa. Con su inquina hacia el catalán, solo han conseguido alimentar ese nacionalismo de la comunidad vecina que tanto daño nos hace a los ciudadanos de la Franja. Es inaudito que no se entienda que las lenguas no entienden de fronteras. Y es inaudito que tanto ofenda en tu propia tierra aquel viejo lema, hoy otra vez enterrado en el sepulcro de la vergüenza, que decía Sóc aragonès i parlo catalá. Un eslogan que, por cierto, comparto con muchos compañeros periodistas que viven y trabajan en Zaragoza, hablan en catalán y aragonés y que hoy están tan asombrados y disgustados como yo.
http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/temadia/antonio-ibanez-soc-aragones-i-parlo-catala-_853270.html
Usar la lengua como arma arrojadiza y partidista siempre ha sido abominable. Enfrentar a territorios que durante siglos han convivido con la normalidad y la riqueza que se nos otorga a los habitantes de frontera, también. La política, destinada a resolver los problemas de las sociedades en lugar de a fomentarlos, ha dado una vuelta de tuerca más y ha conseguido justamente lo contrario de lo que pretendía. El complejo ante Cataluña, la falta de valentía para responder con contundencia a los ataques del nacionalismo catalán sin despreciar símbolos tan suyos como nuestros, ha supuesto --además de un ridículo mayúsculo-- que se fomente una división que nunca ha sido tal en una Franja --sí, Franja aragonesa y con orgullo de serlo-- que hoy vuelve a sentirse pisoteada por unas administraciones que no entienden que el mundo se compone de realidades diferentes.
En lugar de presumir del rico patrimonio cultural que tiene Aragón, prefieren agarrarse al populismo, invocar a unos bienes de la Franja que tampoco les ha importado nunca pero han servido para mantener viva la llama del enfrentamiento. Y, como siempre, los paganos hemos sido los habitantes de una zona azotada perpetuamente por los caprichos de unos dirigentes, en uno u otro lado de la frontera, que han utilizado como moneda de cambio a unos ciudadanos hartos ya de que cueste tanto comprenderlos.
La única fortuna es que el catalán que se habla en Aragón no morirá, aunque seguirá condenado a la clandestinidad y al no-reconocimiento. Peor suerte correrán los aragoneses del norte, cuyo rico patrimonio lingüístico pronto será vestigio arqueológico gracias a la poca altura de miras del actual Gobierno de Aragón. Es paradójico que quien ha impuesto a los ciudadanos un recorte tras otro, esté tan preocupado ahora por no imponer unas lenguas que nadie pretende imponer a nadie.
Es complicado entender que cueste tanto a algunos comprender que si el castellano es un rico patrimonio compartido con 500 millones de hablantes y con 20 países que lo tienen como lengua oficial, sin que signifique que sean españoles, puede pasar lo mismo con el catalán, lengua aragonesa. Con su inquina hacia el catalán, solo han conseguido alimentar ese nacionalismo de la comunidad vecina que tanto daño nos hace a los ciudadanos de la Franja. Es inaudito que no se entienda que las lenguas no entienden de fronteras. Y es inaudito que tanto ofenda en tu propia tierra aquel viejo lema, hoy otra vez enterrado en el sepulcro de la vergüenza, que decía Sóc aragonès i parlo catalá. Un eslogan que, por cierto, comparto con muchos compañeros periodistas que viven y trabajan en Zaragoza, hablan en catalán y aragonés y que hoy están tan asombrados y disgustados como yo.
http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/temadia/antonio-ibanez-soc-aragones-i-parlo-catala-_853270.html
DIARI ARA. CARTA D'UNA FILLA D'ARENY DE NOGUERA
Vaig néixer l’any 1955 en un poblet de la Franja: Areny n’hem dit sempre, encara que la nomenclatura oficial en digués Arén.Quan era xiqueta,sentíem dir:“Ací no enraonem català; enraonem chapurreau”. I així vam créixer, pensant que enraonàvem una llengua estranya i mal girbada amb la qual no podíem anar enlloc. Per això, quan pujava un foraster de Barcelona”, ens hi solíem adreçar en castellà: allò sí que era una llengua, i no la nostra. El prejudici i l’autoodi lingüístic, tan estudiats en sociolingüística, estaven instal·lats entre nosaltres.Tanmateix, quan vaig venir a viure aBarcelona, no em va caldre aprendre una altra llengua, i amb el temps vaig descobrir que el que havia enraonat sempre era català, que a més a més es podia escriure i tenia una gramàtica fixada. Els meus pares van passar una bona part de la seva vida a Barcelona i sempre van mantenir la seva variant lingüística sense cap dificultat.
Ara els nens de la Franja saben que enraonen català, l’aprenen a llegir i escriure i no amaguen la seva llengua. Però aviat tornarem a ser on érem.
"LA VANGUARDIA" EDITORIAL: LES LLENGUES D'ARAGÓ
Oficialment, ja no hi hacatalà a l’Aragó. Ni tampoc aragonès. El Partit Popular(PP) i el Partit Aragonès (PAR), units per un acord de legislatura, van aprovar abans-d’ahir la nova llei d’Ús, Protecció i Promoció de les Llengües i Modalitats Pròpies. Aquesta norma deroga la del 2009, que reconeixia la manifesta existència del castellà, el català i l’aragonès en terres de la comunitat. Segons el nou text legal, el català passa a denominar-se Llengua Aragonesa Pròpia de l’Àrea Oriental; i l’aragonès, Llengua Aragonesa Pròpia de les Àrees Pirinenca i Prepirinenca. Denominacions tan prolixes, tan poc planeres, tan distants de termes com castellà, francès, anglès, alemany o d’altres que donen nom a un idioma, van ser tot seguit reduïdes per la ciutadania al seu acrònim. Demanera que,de facto,el català passa a dir-se lapao, que és una veu formada amb les siglesde les paraules que integren la seva nova denominació; i l’aragonès, pel mateix procediment, ha estat rebatejat com a lapapyp. Vet aquí dos neologismes que tenen la virtut de la brevetat, peròque tenen tambéuns ressons exòtics, per no dir ridículs, que han fet passar vergonya aliena als polítics de l’oposició (PSA-PSOE, CHA i IU).Han suscitat també incredulitat en elscercles acadèmics. I han propiciat una cadena de facècies, d’incomptables baules, a les xarxes socials. No és estrany que hagi passat això. El Govern que presideix Luisa Fernanda Rudi(PP) potser creu prioritari (malgrat que les urgències dels nostres dies són d’altres i ben paleses) esborrar el nom d’una llengua –el català– que a l’Aragó parlen 60.000 persones, i d’una altra –l’aragonès– que coneixen 12.000. I per a la seva consellera d’Educació i Cultura, Dolores Serrat, potser és possible afirmar sense posar-se vermella,com va fer ahir,que aquesta norma legal que priva del seu nom a dues llengües arrelades a l’Aragó és “una eina per defensar-les”. Avui dia es fa el contrari del que es diu amb molta barra. Però, des d’un observatori menys esbiaixat, això no és cap prioritat. Ni sembla, tampoc, que aquesta nova regulació hagi de ser una mesura de gaire utilitat. Encara que acredita, això sí, un allunyament del Govern aragonès de la realitat i, alhora, de tothom qui parla les dues llengües en qüestió. Així doncs, oficialment, el català i l’aragonès ja no existeixen a l’Aragó. Però per als qui els fan servir quotidianament continuen vius, conserven el nom de sempre i és molt possible que el continuïn conservant quan lapao i lapapyp ja siguin termes oblidats al calaix dels disbarats.
HABLAR EN CHINO

Rafael Bardají. Periodista
Es lo que tiene el lenguaje, que de tan políticamente correcto se consiguen reacciones hilarantes por lo ridículo de los términos. Algo así ha sucedido con la ley de lenguas aprobada por las Cortes de Aragón, que, en uno de los casos y para evitar el término catalán, ha preferido optar por el eufemismo ‘lengua aragonesa propia del área oriental’, cuyas siglas se leen Lapao. Curiosamente, el lapao es un dialecto chino. Por carambola, es posible que logremos repercusión internacional si sabemos sacarle partido al vocablo y, de paso, obtener una tajada del pujante mercado de turistas asiáticos. Al fin y al cabo, por una chapuza en un eccehomo pintado en Borja se ha logrado una difusión mayor que con cualquier campaña. Porque la ley de lenguas no deja de ser una chapuza y una incongruencia. PP y PAR apoyaron en 1999 la ley del patrimonio que reconocía como lenguas propias el catalán y el aragonés. Advierto en el texto aprobado esta semana una gran dosis de miedo por reconocer, proteger e impulsar un acervo cultural que nos enriquece. Ya lo hizo el PP con sus bocanadas en 2009 cuando ridiculizaba a quienes apoyaban la ley ahora derogada y que fue suscrita por PSOE, CHA e IU. En unas cuñas de radio, un taxista se dirigía al cliente en catalán en la calle Alfonso de Zaragoza, cuando en ningún momento la cooficialidad afectaba a territorios que no fueran de la Franja Oriental. Un joven estudiante de ESO de Fraga me confesaba hace unos días el desprecio que, en muchas ocasiones, siente de otros aragoneses al expresarse en su lengua materna. Es cierto que un habitante de Arén, a una moza, la llamará ‘chiqueta’, igual que un valenciano. Y en El Vallés, ‘noia’. Mientras en las autopistas tarraconenses se lee ‘sortida’, en las de Valencia aparece ‘aixida’, la misma expresión que en el Baix Cinca. En Menorca no se emplea ‘ampolla’ para referirse a la botella, sino ‘botil’, que viene de ‘bottle’, por herencia de la ocupación británica. Pero junto a estas singularidades, las gentes de Fraga, Valderrobres, Bonansa, Mahón, Tortosa, Vinaroz, Denia o del Ampurdán son capaces, todas ellas, de entenderse. Hay miedo a que se identifique lengua con territorio y he de reconocer que en gran parte se debe al interés expansionista de sectores catalanistas.
Publicat per Heraldo de Aragon, edicio de paper, dissabte dia 11 de maig 2013
dijous, 9 de maig del 2013
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